El arte marcial de la política tras la muerte de George Floyd

“El arte marcial de la política tras la muerte de George Floyd”

Emanuel Pastreich

Candidato a la Presidencia de los Estados Unidos

Independiente

3 de junio de 2020

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En Estados Unidos, enfrentamos un panorama político, social y económico que se transforma a velocidades terroríficas. Pequeños grupos monopolizan los recursos, los activos y los conocimientos, dejando a la vasta mayoría del pueblo para que sufra en la ignorancia las consecuencias catastróficas de su desorden criminal.

Durante los últimos cuatro meses, los súper ricos te robaron entre cinco y diez billones de dólares, además de lo que ya habían saqueado. Justo cuando nos empezamos a unir para confrontar al régimen criminal de Wall Street, debemos enfrentarnos al brutal asesinato de George Floyd, lentamente torturado hasta una muerte cuyas imágenes se propagaron por el país entero.

Todos los días la policía comete esa clase de brutales asesinatos. Cada vez más, los policías honestos renuncian al servicio. No obstante, este incidente prácticamente se creó para ser transmitido por televisión, de manera que fomentara el enorme conflicto doméstico del cual se benefician los ricos, aterrorizados porque los trabajadores pueden unirse para hacerlos responder por estar saqueando la nación y el planeta.

En el asesinato de George Floyd confluyen dos horribles ríos subterráneos que fluyen por debajo de la superficie de Estados Unidos. Por un lado, está el río del odio y el desprecio hacia quienes son considerados como ajenos o inferiores, por razón del color de su piel o de los hábitos que aprendieron de sus padres. Este río de odio ha sido explotado por muchos años, como distracción ante la explotación económica. En los 1890, el Partido Fusionista conjugó a blancos y negros para luchar a favor de la justicia social. Fue brutalmente reprimido, dando como resultado la segregación, un esquema en el cual los blancos pobres gozan de privilegios patéticos, mientras que se alienta un racismo estúpido, como parte de una estrategia de divide y vencerás.

La otra terrible corriente subterránea es la destrucción por motivos de lucro, que no es otra cosa sino la demolición controlada de la economía de Estados Unidos. Entre los ricos y poderosos hay una facción que ve la oportunidad de hacer ganancias con el acto indecible de romper en pedazos a Estados Unidos. Nos quieren ver peleando unos contra otros, hasta que estemos tan divididos que seamos incapaces de exigir una sociedad justa, equitativa y transparente. Estas fuerzas oscuras gastan enormes sumas de dinero para crear divisiones y para enfrentar a los hombres unos contra otros.

Es imposible mantener una conversación sobre cuestiones como el cambio climático y la vacunación, sobre el papel del gobierno y de los militares, sobre el poder de los bancos y las empresas transnacionales. Diversas partes de la población se alimentan de historias tan divergentes que es sumamente difícil estar de acuerdo en lo que es verdadero y lo que es falso. Además, dentro de la clase en el poder hay muchos que firmaron un blasfemo contrato con el diablo, para callar acerca de las mentiras crasas a plena vista, para que puedan llegar a ser famosos y llevar una vida cómoda.

De manera intencional, los medios y las autoridades crean confusión acerca del COVID 19, con lo cual se exacerba tal tendencia. El asesinato de George Floyd es la última etapa de este plan. Los ciudadanos de Estados Unidos se ven enfrentados a un gambito con carnada, ante un dilema sin solución. Opción A: cuestionar la narrativa del COVID 19, el plan de vacunación y así quedar obligado a alinearse con los aislacionistas y las milicias racistas; Opción B: denunciar el racismo brutal del gobierno, así como esfuerzos sistemáticos del gobierno de Trump por fomentar actos racistas, con lo cual uno se encuentra alineado con Barack Obama, Elizabeth Warren y la panoplia de globalistas de clóset que “pensando a la izquierda, viven a la derecha”.

¿Quién nos impone estas alternativas? Esto es lo que yo les pregunto.

Condeno este asesinato brutal y exijo justicia. Asimismo, apelo a su sabiduría natural y a su capacidad innata para estar a la altura de los hechos, tal como lo hizo Robert Kennedy la noche en que Martin Luther King fue asesinado. ¡Por favor, se los ruego! No se dejen atrapar por la trampa que les han tendido los ricos y poderosos.

Tenemos que empezar por enfrentar honestamente el profundo decaimiento moral en el tejido de la nación.

Muchas personas pobres han sido privadas de educación y fuerzas poderosas los llevan por caminos equivocados para que culpen a los demás (sin importar si son negros, asiáticos o trabajadores rurales de piel blanca), antes que pensar estratégicamente acerca de cómo podemos unirnos todos para combatir contra estas fuerzas oscuras.

La mayor parte de la gente que conozco ya renunció a construir puentes. La amenaza de violencia desde la Casa Blanca es clara señal de que murió la época de construir puentes.

Se fomenta la violencia en las calles, mientras que la crisis política desatada por el “COVID 19” empuja a las personas a quedarse en casa, para interactuar únicamente con aquellos que piensan igual. Las redes sociales como Facebook y Twitter son promovidas como modos efectivos de organización por aquellos que supuestamente son nuestros líderes morales. No obstante, las redes sociales, así como las noticias que leemos, fueron diseñadas con la intención de que nuestro pensamiento sea superficial y para que nos volvamos tontos. A menos de que comencemos a producir nuestras propias noticias y comencemos a organizar nuestras propias redes sociales, nos van a tomar el pelo.

Si no podemos crear una tendencia positiva para Estados Unidos, en la cual encontremos esperanzas de progreso para todos, lo único que la gente podrá ver es conflicto y colapso. De esa manera, los poderosos podrán proseguir con sus planes de evitar que nos conozcamos, de que podamos comunicarnos unos con otros por correo electrónico, que podamos viajar e interactuar de manera efectiva a través de las redes sociales. Google nunca te va a decir que vives en una cárcel.

Tras bambalinas, las grandes empresas, la banca de inversión y los diversos grupos antiinmigrantes y antiminorías lanzan contra nosotros fuerzas terribles que hacen mella en los contrafuertes de la nación. Estas fuerzas buscan que los ataques contra las minorías vuelvan a ser aceptables, como lo fueron en los 1920.

Quieren que hagas la vista a un lado del saqueo que los bancos cometen contra el gobierno y que te obsesiones con el saqueo en las calles, que se repite una y otra vez en esos medios asquerosos en los que se nos obliga a confiar.

Necesitamos un plan de acción y necesitamos apegarnos a dicho plan.

No necesitamos que los políticos nos digan que las cosas están mal, aun cuando tienen miedo de explicarnos las razones por las cuales están así de mal. No tenemos tiempo para esperar vagamente que las cosas mejoren por arte de magia.

Ciertamente, no debemos pensar que, para resolver nuestros problemas, basta con reemplazar a Donald Trump, brutal, vulgar y narcisista, con otro político corrupto.

Lo que necesitamos es una nueva política que, desde los hábitos, las ideas y las acciones, se convierta en una fuerza de transformación, sin ser ni “conservadora” ni “progresista”. Necesitamos una política que afronte los problemas desde la raíz, y no nada más sus consecuencias grotescas.

Debemos guardar luto por George Floyd, sus parientes y amigos y por su pueblo. Al mismo tiempo, debemos ver a través de la turbiedad, para entender como este incidente fue montado para que la raza sirva de pretexto para desgarrar a la nación, promoviendo conflictos que dan excusas para la ley marcial.

Donald Trump escribió un mensaje en Twitter (que es una cínica organización lucrativa que nos exprime miles de millones de dólares) diciendo: “Cuando empieza el saqueo, empieza el tiroteo.” Supuestamente, Twitter bloqueó este mensaje por ser ofensivo. Dudo que haya sido así. En cambio, las empresas de comunicación trabajan a marchas forzadas para manipularnos a través de sus imágenes falsas y sus engañosos rituales, queriéndonos hacer pensar que son objetivas, que son amigas nuestras.

La violencia de la policía es inseparable de las horrendas guerras en las cuales estamos involucrados en el extranjero. A menudo, los policías son soldados que volvieron de esas guerras. La violencia que ponen en práctica se incubó en los videojuegos, las películas y en un sistema militarizado de valores. La violencia penetra por toda la sociedad.

El escritor James Baldwin escribió acerca de quienes han sido adiestrados para considerar el mundo en términos de la raza:

“En efecto, todavía se encuentran atrapados en una historia que no comprenden; hasta que puedan comprenderla, esa historia no los liberará.” Durante muchos años y por innumerables razones, les han hecho creer que los negros son inferiores a los blancos. Aunque es un hecho constatable que muchos de ellos saben que eso no es cierto, para muchos resulta muy difícil actuar de acuerdo como lo saben. Actuar es comprometerse y comprometerse es ponerse en peligro. En este caso, en la mente de la mayoría de los estadunidenses blancos el peligro yace en la pérdida de la identidad… En el mundo del hombre blanco, los negros han funcionado como norte inamovible, como columna inquebrantable. Cuando los negros se salen de su lugar, tiemblan los cimientos del cielo y de la tierra.

“Y si la integración del mundo significa algo, esto es lo que significa: que, con amor, seamos capaces de que nuestros hermanos se vean tal como son, para que dejen de escapar de la realidad y comiencen a cambiarla. Amigo mío, ésta es tu casa, no permitas que te echen; grandes hombres han realizado grandes hazañas aquí, y podemos hacer de Estados Unidos todo lo que Estados Unidos puede llegar a ser.”

Baldwin hablaba con franqueza de lo que se necesita para que Estados Unidos alcance la grandeza, no de nuevo, sino por primera vez.

¿Y ahora qué hacemos?

El aikido es un arte antiguo que ofrece una estrategia para resolver la crisis política y social que nos está orillando a una guerra híbrida. No obstante, este arte primero exige que reflexionemos de manera profunda y filosófica sobre cuál es la dinámica de la nación que nos ha puesto en esta situación. Si bien el enfoque del aikido puede no ser atractivo para quienes desean consentir sus sentimientos, es la respuesta más eficaz para lo que fácilmente podría llegar a ser una catástrofe para el mundo entero. El conflicto en Estados Unidos no puede separarse de otros conflictos a lo largo y ancho del mundo. Nuestras guerras en el extranjero nos enseñaron la violencia que usamos en nuestras calles. Lo que ahí sucedió fuera de la vista de los ciudadanos ha transformado lo que somos.

Ahora, si las cosas se fracturan, la disputa por el control del armamento nuclear desatará la crisis de mañana.

El aikido nos enseña cómo evitar respuestas emocionales ante las imágenes que nos brindan unos medios corruptos, que buscan enfurecernos, para así concentrarnos en la construcción de nuestras comunidades y organizaciones, para así poder enfrentar con valentía a los poderes que están detrás de lo que vemos por televisión.

El aikido nos enseña que nos debemos responder al golpe que nos lanzan con otro golpe de fuerza semejante en contra de nuestro oponente. En vez de ello, hay que cambiar la dirección del golpe que nos lanzan en una dirección inofensiva, e incluso en una dirección positiva. El ataque hostil se puede desarmar con sutileza, al redireccionar la energía que se lanza en contra nuestra.

El significado más hondo de estas palabras es que hay un equilibrio universal del cual podemos disponer, y que la única manera en que verdaderamente podemos resolver los problemas es redireccionando la energía.

La historia política muestra claramente esta verdad. En el esfuerzo por luchar contra males terribles, a menudo se emplea una fuerza excesiva que crea nuevos problemas, que con frecuencia son más graves que los originales. Este lamentable proceso se repite de modo semejante en cada época. Esa reacción excesiva es precisamente lo que las fuerzas oscuras de Estados Unidos esperan y calculan.

No obstante, no podemos esperar que el pueblo sufra en silencio tamaña injusticia. Como lo dijo el patriota americano Thomas Paine: “La moderación del carácter siempre es una virtud, aunque la moderación como principio siempre sea un vicio.”

¿Qué haría un maestro del aikido si tuviera que aconsejarnos acerca de cómo reconstruir este país después de tan horrible daño espiritual? ¿Cómo nos enseñaría a responder a los tremendos golpes que nos lanzan las fuerzas oscuras?

¿Por dónde nos diría que debemos comenzar a sanar este país nuestro, tan comercializado, mercantilizado, fragmentado, asustado, profanado y desmoralizado?

Los terribles conflictos raciales que alimentan los medios corruptos y los bancos como BlackRock y Goldman Sachs buscan que la gente de ambos bandos llegue demasiado lejos, creando conflictos duraderos que distraen la atención del saqueo de nuestro país, no a manos de los obreros pobres, sino a manos de los bancos y de todos los que se benefician de esa clase de desastres.

De inmediato podemos percibir el impacto negativo de dichos golpes. No obstante, si usamos nuestra imaginación y somos disciplinados, podemos redireccionar la energía.

El pueblo ya despertó de este sueño. Eso es buena señal.

El pueblo está consciente de la profunda injusticia que antes pasaba por alto. Eso es buena señal.

Se une en las calles, a veces para trabajar en conjunto, a veces para pelear. Esto podría ser bueno.

La intención de quienes, entre distintos grupos, promueven imágenes de destrucción y caos es alimentar horribles conflictos. Eso es malo.

No obstante, si somos capaces de perseguir la verdad, sin contentarnos con noticias sensacionalistas, y si somos capaces de utilizar este despertar para involucrar al pueblo en una conversación de veras, incluso con la gente que dicen odiar, entonces las fuerzas desatadas para nuestra destrucción podrían ser redireccionadas para unirnos en una causa común.

También podemos comenzar una profunda conversación entre ciudadanos, comenzando por el hogar y por nuestra colonia, para así hablar acerca de la verdadera historia de Estados Unidos.

Podemos hacernos las preguntas que exigen respuesta:

¿Cuándo empezaron a ir mal las cosas en Estados Unidos?

¿Todo salió mal después de que Donald Trump fue electo como presidente? ¿O acaso Trump tiene un papel positivo, pues dijo la verdad acerca de las interminables guerras y corrupción de este país?

¿O tal vez los problemas comenzaron con la profunda corrupción del segundo gobierno de Clinton y del gobierno de George W. Bush?

¿Quizá haya que rastrear el mal al asesinato de John F. Kennedy?

¿O tal vez se echó a perder desde que fue colonizado por europeos en el siglo XVII, con la economía extractiva fundada en el esclavismo que importaron?

¿No será que hay algo fundamentalmente depravado en el hombre que se remonta a los tiempos de Adán y Eva?

Estas son las preguntas críticas sobre Estados Unidos, cuya respuesta no es simple.

La actual ola de desorden que se proyecta sobre el país debe redireccionarse, para energetizar a la gente, permitiendo así establecer una discusión constructiva. Esta discusión podría conducir a una transformación al nivel más profundo, haciendo cesar la propagación de dolorosos conflictos, incubada, y tramada por los medios y por sus mecenas corporativos.

Los políticos que vemos por televisión son expertos en dividirnos. Eso es lo único que saben hacer.

No obstante, podríamos llegar a tener políticos dedicados a la unidad y a la transformación del pensamiento y a la honradez de las percepciones.

No todos los estadunidenses tienen el mismo papel en la transformación de los poderes negativos que se desatan sobre el país.

Algunos contamos con educación especializada y conocimientos particulares que nos permiten comprender el mundo de forma que otros no pueden. Como intelectuales, tenemos la obligación de ayudar a quienes nos rodean a percibir el mundo con mayor claridad, para garantizar que los poderosos no abusen de ellos.

Al mismo tiempo, los intelectuales tenemos mucho que aprender que los que hacen un duro trabajo, sirviendo mesas todo el día en un restaurante, viviendo en casas inadecuadas y sufriendo terribles maltratos. Podemos empezar a crear un ciclo positivo, trabajando al lado de quienes conocen de primera mano las penurias de la sociedad, pero que carecen de conocimientos especializados para cambiar la situación.

Una alianza entre trabajadores e intelectuales podría redireccionar las fuerzas de la explotación de una dirección positiva. No obstante, dicho redireccionamiento exige que aquellos que más nos hemos beneficiado estemos dispuestos a sacrificarnos.

Consideremos estas palabras atribuidas a Winston Churchill: “Nunca se debe desperdiciar una buena crisis.” Normalmente la cita se utiliza en sentido negativo, queriendo decir que una crisis es la oportunidad para alcanzar aquellos cambios a los que el público se resistiría en otro momento. La aprobación de la ley Patriot Act después del 11 de septiembre da un perfecto ejemplo: en Estados Unidos, la libertad quedó restringida de manera que nunca se hubiera podido lograr con la manufactura de un estado de crisis.

La crisis de hoy está siendo magnificada y distorsionada para alterar los fundamentos mismos de la sociedad estadunidense. El propósito es anular toda oposición a la concentración de la riqueza, a la destrucción del medio ambiente y coartar la autonomía y la libertad de los ciudadanos.

No obstante, si observamos con cuidado, nos daremos cuenta de que esas prácticas negativas han producido inesperados cambios positivos. Si logramos darnos cuenta de lo positivo, entonces podremos impulsar una transformación positiva- No tenemos otra opción frente a las fuerzas desatadas en nuestra contra.

Por ejemplo, de pronto, sin que hubiera habido un proceso participativo ni una consulta entre expertos, los viajes por avión se han visto restringidos por todo el mundo. Las aerolíneas están en quiebra, los aeropuertos están cerrados y los puertos están callados.

Aunque en este caso la situación política tiende a la tiranía, el uso del petróleo para el transporte en una sociedad de consumo desquiciado está matando nuestros ecosistemas. Era el momento justo para apagar la máquina de la globalización, de forma que esta interrupción puede representar un movimiento sumamente favorable si tenemos la visión para recrear la sociedad.

Los viajes por avión tienen que parar. Hay que acabar con los viajes por frivolidad.

La cuarentena que nos mantiene en casa ha destruido a los pequeños negocios y empoderado a las grandes empresas, con lo cual los ricos han hecho miles de millones y han empujado a la pobreza a la mayoría de nosotros. Ciertamente eso es una fuerza negativa.

No obstante, quedarnos en casa para trabajar con nuestra familia puede ser saludable si la dirección es saludable. Si hemos de quedarnos en nuestra colonia, puede representar la oportunidad para construir una comunidad lo suficientemente fuerte como para enfrentar el poder de los ricos. Podemos usar la oportunidad para conocer a nuestros vecinos y para aprender cómo trabajar con ellos.

Los cursos en línea reducen la necesidad de usar el coche y permiten conexiones innovadoras entre alumnos y maestros de todo el mundo, lo cual puede favorecer un punto de vista internacional. No obstante, al día de hoy los que impulsan la educación en línea lo hacen con fines de lucro. Es momento de tomar el control de la educación en línea, para cambiar su dirección.

Lo que aquí sugiero no es más que eso, una sugerencia. Es necesario que trabajemos juntos para redireccionar y bloquear las fuerzas peligrosas que se han desatado sobre Estados Unidos.

Sin embargo, quiero sugerir que, así como lamentamos las muertes y la destrucción y el daño en contra de la sociedad, debemos tener los ojos abiertos ante la creatividad y la innovación que pueden surgir de tales fuerzas negativas, si se redireccionaran para la transformación de los fundamentos de la sociedad. Para ser honestos, hace mucho tiempo que hacía falta dicha transformación.

El aikido político que sugiero es complejo y sutil. Muchos políticos no se atreverían a proponer ante ustedes semejantes políticas públicas. Suponen que es necesario bajar el volumen de los mensajes para la audiencia de los Estados Unidos, pues no se puede concentrar, atontada como está por las redes sociales y los contenidos comerciales.

No obstante, conciudadanos míos, yo los tomo en serio y nunca les hablaré con condescendencia. Asumo que, mientras trabajan detrás de un mostrador en Wal-Mart, mientras toman un pedido para Amazon o limpian mesas tarde en la noche en un McDonald’s, son perfectamente capaces de comprender la complejidad de estos temas y que están preparados para afrontar la situación. Ustedes se sacudirán de encima la venenosa cultura del consumidor y avanzarán en esta lucha.

Conforme avanzamos, recordemos la visión presentada por el presidente Franklin Delano Roosevelt, cuando el 6 de enero de 1941 dirigió, en su mensaje anual a la nación, desafió el espectro del fascismo.

Roosevelt hizo un llamado a favor de proteger las “Cuatro Libertades” de todos los ciudadanos: “libertad de expresión”, “libertad de culto”, “libertad frente a las necesidades” y “libertad ante el miedo”. Roosevelt fue muy claro acerca del significado de estas cuatro libertades. Declaró:

“En los días futuros que estamos preparando para que sean seguros, esperamos que el mundo esté cimentado sobre estas cuatro libertades humanas esenciales.

La primera es la libertad para expresarse y pensar, en todas partes del mundo.

La segunda es la libertad de todas las personas para adorar a Dios a su manera, en todas partes del mundo.

La tercera es la libertad frente a las necesidades, que, traducida a términos universales, quiere decir aquellos arreglos económicos que garantizarán a cada país una vida pacífica y saludable para sus habitantes, en todas partes del mundo.

La cuarta es la libertad ante el miedo que, traducida a términos universales, quiere decir el desarme mundial a tal grado y manera que no haya país que esté en posición de agredir a otro, en todas partes del mundo.”

Hacer realidad esa visión requerirá de enorme energía y atención, nos exigirá que salgamos a la calle para trabajar con nuestros vecinos en la construcción de una sociedad más justa y ordenada. Quizá por accidente a nosotros se nos está dando esa oportunidad. Ahora es momento de tomarla y de avanzar en la dirección correcta.

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